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El Jardín de los Picaflores | UN VIAJE AMERICANO
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El Jardín de los Picaflores

E

n el jardín habitan unas 15 especies de picaflores, con sus plumajes de diversas tonalidades y su vuelo único. Es todo un deleite observar un picaflor batiendo sus alas a toda velocidad, como detenido en el aire, buscando nuevas flores para libar. Un deleite que en este Jardín se puede vivir muy de cerca, dada la proximidad con que vuelan los picaflores en torno a los visitantes.

Como es característico de estos pájaros, sus apariciones son fugaces, pero con un poco de atención es posible avistar una gran diversidad de ejemplares, entre ellos el colibrí esmeralda, el bronceado, el corona violácea, el escamado y el garganta blanca. Una de las especies exóticas que ha transitado por este Jardín de Misiones es el colibrí rojo, originario del norte de Brasil, cuyo descubrimiento en el norte argentino causó gran revuelo entre los ornitólogos.

Su origen

Toda historia comienza con un protagonista. En este caso, se trata de la Doña Marilene Moschen, una simpática brasilera nacida y criada en el campo. Desde pequeña, comentaba, se sentía muy atraída por las aves; en especial, los colibríes. Luego, al pasar los años, las vueltas de la vida hizo que se radicara en la ciudad de Iguazú, en la provincia de Misiones, en Argentina.

Hace aproximadamente treinta años, Doña Marilene comenzó a volcar sus conocimientos y pasión en jardinería hacia el propio fondo de su casa. Llegó a tal punto de esplendor, que comenzaron a acercarse desde el monte un grupo de tímidos colibríes, quienes regresarían a diario para disfrutar del fondo de su casa. Estas pequeñas aves se enamorarían del Jardín, acompañando a sus crías y atrayendo cada vez más y más compañeros. Es importante resaltar que todos los picaflores que uno encuentra aquí vuelan totalmente libres, a diferencia de cualquier zoológico. Ellos han tomado este lugar como su nuevo hogar. Con el pasar de los años, la familia comenzaría a recibir más y más visitantes amantes de estos animales.

Hoy, el Jardín de los Picaflores es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad, cuidado por la misma familia que lo vio nacer.

El amor de Doña Marilene por las aves es tan grande, que al enterarse que nos encontrábamos haciendo este viaje, mencionó que uno de sus sueños era viajar por latinoamérica. ¿Cuál era su mayor sueño? Visitar Ecuador, ¡y conocer allí las diversas especies de picaflores que allí habitan! ¡Si será fanática!

Esta pasión por la naturaleza se extendió a toda la familia. Durante nuestra visita conocimos a su hijo Leandro, con quien estableceríamos desde el primer momento una nueva amistad, y con quien seguimos en contacto. Leo, como le dicen sus seres queridos, es experto en aves. Él viaja por toda la región avistando y haciendo estudios sobre diversas aves. Además, su hermano es Guardaparque. Una familia dedicada a la preservación y a la naturaleza.

Un Pequeño Paciente

Como en todo lugar donde habita el optimismo, se acercan personas extraordinarias. Mientras intentábamos tomar algunas fotografías, notamos un grupo de personas muy concentradas sentadas en una mesa. Nos invadió la tentación. Lentamente nos acercamos. Vaya sorpresa… ¡uno de los chicos tenía un Picaflor en su mano! Jamás habíamos visto uno quieto y tan cerca. Nos mantuvimos al margen observando.

Luego de unos minutos, el joven levanta su mirada y esboza una sonrisa… en ese momento le daríamos la bienvenida a nuestra vida a un nuevo amigo quien días después nos invitaría a dormir a su casa: Agustín Anzoategui, Médico Veterinario de la Reserva Animal GüiráOga (leer post)

Junto a Agus, se encontraba una de las personas más dulces que hemos conocido: Rocío Rodríguez, llamada Yoyo por sus seres queridos. Sobre ella deberíamos hacer un post completo, ya que se adueñó de nuestro corazón al ratito de conocerla. Yoyo es experta en aves rapaces, al igual que Agus. No pasó mucho tiempo hasta enterarnos de sus conocimientos y pasión, al mencionar cuánto amamos los Halcones Peregrinos que nuestros amigos tienen en Dubai. Lo más increíble de Rocío, es que descubrió su amor por estas aves de pura casualidad, mientras se encontraba viviendo en España y vio un Halcón por primera vez. ¿Quién lo hubiera pensado? Hoy ella también trabaja felizmente en GüiráOga, y sería gracias a ella días después que conoceríamos esa maravillosa reserva desde adentro como lo indicamos en este post.

La charla parecía no tener final. Nosotros felices. Porque también conocimos a Roberto, un viajero súper simpático que nos hizo reír muchísimo y compartimos anécdotas geniales. Un capo. Las palabras y las sonrisas continuaron, hasta que el sol cayó y debimos iniciar nuestra partida. No sin antes, por supuesto, mostrarles “La Ñata”, nuestro hogar con ruedas. Fue un día maravilloso.

Despidiéndonos con una linda noticia

Para finalizar nuestra historia con un hermoso final, estamos contentos en compartir con ustedes que este pequeñín ha podido volver a volar gracias al esfuerzo de estos jóvenes apasionados. Su alita se recuperó y ya se encuentra alimentándose nuevamente.

Si querés saber más sobre El Jardín de los Picaflores podés seguirlos en Facebook.

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